Hace sólo unos meses irrumpió en mi vida un capricho inesperado: una nueva guitarra.

Durante 25 años, mi fiel Epiphone me ha dado todo lo que necesitaba y mucho más. Y me lo seguirá dando. Es una guitarra especial, con una calidad muy superior a su precio y una fiabilidad a toda prueba. Es, con diferencia, la guitarra que menos varía su afinación de cuantas he probado, incluso con cambios de acusados de temperatura. Aun así, siempre ha estado presente el deseo de poseer una Gibson. Cualquier guitarrista te dirá que no le importaría poseer un arsenal ilimitado de guitarras, y si bien yo no soy una excepción, también es cierto que soy un tipo bastante práctico, así que siempre he sido muy comedido y racional en ese sentido. No obstante, siempre está presente el deseo de contar con un instrumento de calidad excepcional, una concesión especial.

No tenía un plan o una fecha determinada para ello, ni había urgencia alguna. De hecho, no tenía previsto comprar otra guitarra ni por asomo en aquel momento, pero de repente me topé por casualidad con un modelo en concreto que me llamó la atención poderosamente. Se trataba de una Les Paul Studio Pro 2014 TB en acabado Teal Blue Candy. Además del maravilloso color, era una edición especial en conmemoración por el 120 aniversario de la marca, con componentes de modelos de alta gama de Gibson aplicados a un modelo Studio, que están pensados, como su propio nombre indica, para tocar más en estudio que en directo, y por tanto con una serie de características específicas, como un cuerpo ligeramente más estrecho y menor peso que los modelos Standard, Traditional o Custom de Gibson. Por si fuera poco, incluía una serie de extras maravillosos, como el cuello Mahogany 60s Slim taper, funcionalidad push/pull coil split y, además, la clásica funda marrón de Gibson.

Tras una breve investigación me di cuenta rápidamente de que iba a ser muy difícil encontrar una Studio Pro de 2014, en general. Me interesaba especialmente ese modelo por las pastillas que montaba, una ’57 en el mástil y una Burstbucker Pro en el puente (combinación muy rara), pero aspirar a conseguirla en el acabado Teal Blue Candy en concreto era prácticamente una quimera. El modelo estaba descatalogado en prácticamente todas las tiendas del mundo donde investigué, y las dos o tres que lo tenían era a un precio desorbitado. Sólo al final, después de mucho buscar, encontré una unidad disponible en una tienda de Frankfurt a un precio razonable. Tras la alegría inicial por el hallazgo, mis esperanzas se truncaron cuando me indicaron que sólo quedaba una y que únicamente podía adquirirla directamente en la tienda física, para lo cual tenía que desplazarme a Frankfurt a propósito. Tras un breve y elaborado intercambio de emails con la tienda en cuestión, y a pesar de la negativa inicial, conseguí convencerles para que me la hicieran llegar por mensajería.

Estoy muy satisfecho con la adquisición y con la calidad de la guitarra. Sigo usando mucho mi Epiphone, pero el toque de calidad de acabados y las sensaciones al sostener la Gibson son especiales. Para la grabación de la primera canción del próximo disco de Zemanski he usado la Epiphone, pero la segunda ha sido totalmente grabada con la nueva Gibson. Iré alternando según las necesidades de cada canción.

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